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DOMINGO 25º DURANTE EL AÑO, 20 de septiembre

11 - 07 - 2020


Evangelio según San Mateo 19, 30 y 20, 1-16
Cómo llamaríamos a esta parábola: ¿la de los obreros de la última hora, o la del patrón generoso?
Jesús a través de ella nos quiere mostrar en primer lugar que la bondad de Dios Padre se distribuye por igual sobre unos y otros (los primeros y los últimos trabajadores llamados a trabajar en la viña). Luego que la llamada es a “todos”, aún a los pecadores y no solo para los que se creen buenos.  Y por último que nadie debe sentir envidia sino gratitud ante el Padre que perdona y recibe a todos.  ¡Sí, a todos!
La parábola en cuestión viene a echar luz sobre aquellas palabras de Jesús: “muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros”.  Pero, ¿quiénes son los primeros?, y ¿quiénes son los últimos? Para los fariseos de los tiempos de Jesús, los primeros eran aquellos que conocían y practicaban la ley de Dios (la Torah, la ley de los judíos) y por eso creían que estaban en la primera fila delante de Dios.  Mientras que los últimos eran aquellos que no la conocían.  Llevado este pensamiento a nuestro tiempo lo podríamos resumir de la siguiente manera: los primeros son aquellos que estando dentro de la Iglesia ya creen que tienen la vida eterna asegurada, mientras que los últimos son aquellos que aún no han recibido el mensaje del Evangelio. Entonces, estar en la Iglesia y conocer el evangelio pero no llevarlo a la práctica no nos garantiza “estar  en la primera fila delante de Dios”. El regalo de la gracia de Dios es para todos: buenos y malos; justos y pecadores; los primeros y los últimos.  Jesús vino a buscar y ofrecer la misericordia y la salvación de Dios Padre a todos.
Jesús quiere arrancar de nuestras cabezas esa idea mercantilista en nuestra relación con Dios: el Reino de Dios es gratis, no se compra ni se vende; no se compra ni siquiera con nuestros méritos, porque Dios es pura bondad y con esa bondad regala sus dones a todos.
Por último y retomando la parábola, Jesús nos quiera mostrar que Dios (el dueño de la viña) pagando lo acordado por el trabajo de todo el día no estaba haciendo ninguna injusticia con los trabajadores de la primera hora, ya que era lo estipulado desde el principio: no hay ninguna sorpresa.  Mientras que pagando el salario completo a los de la última hora no hacía injusticia a nadie ya que con ellos no había acordado ningún salario sino que les mostraba su infinita bondad: “¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”. La misericordia de Dios no se opone a la justicia humana, sino que la complemente y trasciende.  Finalmente, la parábola de este domingo nos termina enseñando que la vida en Cristo es un don, un regalo inmerecido, y es igual para todos.
¡Qué bendición haber sido contratado a la primera hora por haber podido gozar más del Señor y trabajar por su causa!
¡Qué alegría que, aún a la última hora, algunos vengan a Dios!
Ayúdame Señor a que tenga siempre una mirada buena, capaz de desear el bien de los demás, capaz de alegrarme con su felicidad.
Que tengan un bendecido domingo en familia.  Con mi bendición.
P. Edgardo.


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